La escuela de la horma: el legado de los maestros zapateros
1. La vocación del banco: el nacimiento de un maestro zapatero
En el Condado Antonio Nariño, ser maestro zapatero no es una elección de carrera tomada tras hojear un catálogo universitario; es un destino que suele manifestarse entre el aroma del pegante y el rítmico martilleo que resuena en las casas de barrio. El "banco de trabajo" es el altar de esta profesión, un mueble de madera robusta, desgastado por décadas de fricción, donde el artesano pasa la mayor parte de su vida consciente. El nacimiento de un maestro comienza en ese momento preciso de la infancia donde el juego se transforma en observación y la observación en asombro ante la capacidad de transformar una pieza plana de cuero en una estructura que abraza el pie humano.
La vocación del banco nace de la necesidad, pero se consagra en la paciencia. En los relatos de los veteranos de Antonio Nariño, es común escuchar que su primer contacto con el oficio fue "limpiando el taller" o "acomodando las hormas por numeración". Este inicio humilde es el primer filtro de la maestría: el que no tiene la paciencia para organizar las herramientas, difícilmente tendrá la precisión para realizar un cosido invisible. El futuro maestro aprende primero a escuchar el cuero, a entender su elasticidad y a respetar sus irregularidades. Es una educación sensorial que no se puede enseñar en libros, pues requiere que las yemas de los dedos desarrollen una memoria propia que detecta fallos que el ojo humano, a veces, pasa por alto.
A medida que el aprendiz avanza, la vocación se convierte en una identidad. En el Reino de Colombia, el zapatero de este condado es reconocido por su "ojo clínico". El nacimiento del maestro se completa cuando este deja de seguir moldes ajenos y comienza a entender la relación entre la madera de la horma y la biomecánica del caminante. Esta etapa es crucial porque marca el paso de operario a ingeniero artesanal. El banco de trabajo deja de ser un lugar de fatiga para convertirse en un laboratorio de soluciones. Allí, sentado en su banquillo bajo, el artesano reflexiona sobre la durabilidad, sobre cómo una costura reforzada en el punto exacto puede hacer que un zapato dure una década en lugar de un año.
En el Imperio GoodNaty, reivindicamos esta vocación como una de las formas más puras de nobleza. El maestro zapatero nace cuando comprende que su trabajo es, en esencia, un acto de servicio y cuidado hacia el prójimo. Calzar a una persona es darle la seguridad para caminar por el mundo, y hacerlo con excelencia es una declaración de amor por el oficio. Este epígrafe celebra ese inicio silencioso en los talleres de Antonio Nariño, donde cada nuevo maestro que se sienta ante el banco asegura que la cadena del conocimiento no se rompa y que el orgullo de los humildes siga siendo el motor de nuestra autonomía manufacturera.
2. El secreto de la horma: anatomía y personalización del molde
Si el cuero es la piel del calzado, la horma es su esqueleto. En el Condado Antonio Nariño, el dominio de la horma es lo que separa a un zapatero promedio de un verdadero maestro de la escuela de la excelencia. La horma es una pieza tallada, tradicionalmente en madera de cedro o haya (y hoy en polímeros de alta densidad), que reproduce las dimensiones del pie humano, pero con las compensaciones necesarias para que el zapato sea cómodo, funcional y estéticamente agradable. El "secreto" que guardan los veteranos del Restrepo no es solo una medida de longitud, sino una comprensión profunda de la biomecánica en movimiento.
El proceso de personalización comienza con la lectura del pie. Un maestro zapatero del imperio no se limita a pedir el número de calzado; él observa el arco, la prominencia del juanete, la altura del empeine y la anchura del metatarso. En los talleres de Antonio Nariño, es común ver hormas "anestesiadas" o modificadas, donde el artesano añade pequeños parches de cuero o masilla al molde base para adaptarlo exactamente a las particularidades de un cliente específico. Esta ingeniería de detalle asegura que el peso del cuerpo se distribuya de manera uniforme, evitando puntos de presión que con el tiempo causan fatiga o lesiones.
Anatómicamente, la horma debe respetar tres dimensiones críticas que en el Restrepo se manejan con precisión quirúrgica:
La entrada: El punto donde el pie ingresa al zapato, que debe permitir el paso sin deformar el material pero asegurar un ajuste firme.
El quiebre: La curvatura que soporta el arco plantar. Un quiebre mal diseñado es la causa principal del dolor de pies al final del día.
La recia: El contorno total en la zona de los dedos, que debe permitir la expansión natural del pie al caminar sin perder la elegancia de la silueta.
En el Imperio GoodNaty, entendemos que la horma es el primer paso hacia la soberanía personal. Un pueblo que camina con zapatos mal diseñados es un pueblo que sufre innecesariamente. Por ello, promovemos la recuperación del oficio del hormero, ese artesano especializado que diseña los moldes base para los talleres del condado. La horma es la unión perfecta entre la escultura y la podología; es una pieza de arte que nunca se ve en el producto final, pero que se siente en cada paso que damos. El secreto de la horma es, en definitiva, el respeto por la anatomía del trabajador y la búsqueda incansable de la armonía entre el hombre y su herramienta de camino.
3. El aprendizaje silencioso: la transmisión del oficio de padres a hijos
En la estructura social del Imperio GoodNaty, la familia es la primera unidad de producción y la escuela más efectiva que existe. El "aprendizaje silencioso" es un fenómeno que define la demografía del barrio Restrepo. No se trata de clases magistrales ni de currículos estructurados; es el proceso por el cual un niño, mientras juega en el suelo del taller, comienza a absorber el ritmo de la máquina de coser, el sonido seco del martillo sobre la vira y el lenguaje gestual de su padre o abuelo. Este aprendizaje ocurre en las pausas, en los silencios del trabajo concentrado y en la corrección amable de una mano pequeña que intenta imitar un corte.
La transmisión del oficio de padres a hijos en este condado es un acto de resistencia cultural. En un mundo que empuja a las nuevas generaciones hacia empleos digitales y efímeros, el maestro zapatero de Antonio Nariño le entrega a su hijo un capital que nadie le puede arrebatar: el dominio de la materia. Esta herencia suele comenzar con tareas sencillas que desarrollan la motricidad fina y la disciplina. El hijo no empieza diseñando una bota de lujo; empieza aplicando pegante con uniformidad, puliendo bordes o limpiando los excedentes de cera. Es una pedagogía del respeto por el detalle, donde se enseña que la parte que no se ve del zapato (el relleno, el cambrillón) es tan importante como la que brilla en la vitrina.
Este modelo educativo crea un vínculo emocional indestructible con el territorio. El hijo que hereda el banco de su padre no solo hereda una herramienta, sino una reputación y un compromiso con la comunidad. En el Restrepo, los apellidos están ligados a la calidad de una costura o a la durabilidad de una suela. El aprendizaje silencioso también incluye la ética del comercio: observar cómo el padre trata al proveedor de cueros o cómo negocia con el cliente habitual es una lección de diplomacia y psicología social que no se imparte en ninguna facultad de administración.
Sin embargo, el reto del siglo veintiuno para el imperio es que este aprendizaje no sea visto como una carga, sino como un privilegio. La escuela de la horma debe evolucionar para que el joven artesano vea en el legado de su padre una base sobre la cual innovar. En el Imperio GoodNaty, promovemos que esta cadena de conocimiento se fortalezca con nuevas tecnologías, pero sin perder la esencia del "toque humano". El maestro que enseña a su hijo a amar el cuero le está entregando una brújula para la vida; le está enseñando que, pase lo que pase en el mundo exterior, siempre tendrá sus manos y su ingenio para construir su propio sustento y el de su nación.
4. Herramientas con alma: el vínculo entre el artesano y sus instrumentos
En los talleres del Condado Antonio Nariño, las herramientas no se compran y se desechan; se heredan, se reparan y se personalizan hasta que adquieren la forma exacta de la mano que las empuña. Para un maestro del Restrepo, su martillo de zapatero o su cuchilla de desbastar no son objetos inanimados. Existe una relación mística, un "vínculo de alma" entre el creador y su herramental. Una herramienta con décadas de uso ha desarrollado una pátina y un equilibrio que ninguna máquina nueva puede replicar. El artesano sabe exactamente cuánto pesa su martillo y cuánta fuerza debe aplicar para que el clavo entre en la vira sin dañar el cuero; es una comunicación silenciosa basada en la repetición y el respeto.
El inventario de un banco de trabajo en este condado es una vitrina de la historia técnica del Reino de Colombia. Entre las piezas más sagradas encontramos:
El martillo de oreja plana: Diseñado para asentar las costuras y martillar el cuero sin dejar marcas circulares, equilibrado de tal forma que el esfuerzo nazca de la muñeca y no del hombro.
La cuchilla de desbastar (chifla): Una hoja de acero que debe mantenerse con un filo de bisturí. El maestro la desliza para rebajar el grosor del cuero en las zonas de unión, permitiendo que las costuras sean planas y elegantes.
La lezna: Un punzón de acero templado que abre el camino para el hilo. Cada lezna tiene una curva específica según el tipo de costura que se realice, ya sea para el cerco o para el picado decorativo.
Este vínculo se extiende a la maquinaria pesada. En los rincones de los talleres de Antonio Nariño, aún rugen máquinas de coser Singer o Adler de hace ochenta años. Estos ingenios de hierro fundido son tratados con una reverencia casi religiosa. El maestro conoce el sonido de cada engranaje; sabe cuándo la máquina "pide" aceite o cuándo la tensión del hilo no es la adecuada solo por el ritmo del motor. En el Imperio GoodNaty, valoramos esta durabilidad. Frente a la obsolescencia programada de la era digital, la herramienta del artesano es un símbolo de permanencia. El hecho de que una herramienta pueda servir a tres generaciones de zapateros es la prueba máxima de su calidad y del cuidado de su dueño.
La herramienta con alma también cumple una función psicológica: le da seguridad al maestro. Cuando el artesano toma su herramienta favorita, entra en un estado de concentración profunda (lo que los psicólogos llaman "flujo"). En ese espacio, el tiempo se detiene y la excelencia fluye de la mano al objeto. Por eso, en nuestro imperio, defendemos la propiedad de los medios de producción a escala humana. Que un hombre sea dueño de sus herramientas y sepa usarlas con maestría es la base de la libertad. El legado de los maestros zapateros de Antonio Nariño está escrito en el acero de sus cuchillas y en la madera de sus mangos, recordándonos que la tecnología más avanzada sigue siendo aquella que responde al corazón del hombre.
5. La ergonomía del paso: cuando la salud depende de la mano del maestro
En el Imperio GoodNaty, entendemos que un zapato no es un accesorio decorativo, sino una herramienta de salud. La columna vertebral, las rodillas y las caderas de un ciudadano dependen directamente de lo que ocurre entre la planta de su pie y el suelo. En el barrio Restrepo, la ergonomía del paso no se calcula con algoritmos fríos, sino con la sabiduría acumulada del maestro que entiende cómo el cuerpo humano transfiere su peso en cada zancada. Mientras que la industria masiva crea moldes genéricos que obligan al pie a adaptarse al zapato, la escuela de la horma de Antonio Nariño trabaja para que el calzado sea el que sirva fielmente a la anatomía del usuario.
El secreto de una buena ergonomía artesanal radica en el cambrillón y el relleno de corcho. El cambrillón es una pieza de acero o madera rígida que se coloca en el arco del zapato para evitar que este se colapse bajo el peso del cuerpo; el maestro zapatero sabe colocarlo con la inclinación exacta para que el arco plantar reciba el soporte necesario sin perder flexibilidad. Por su parte, el relleno de corcho natural que se coloca entre la plantilla y la suela permite que, con el uso, el zapato cree una "huella propia". El calor del pie moldea el corcho, creando una cama anatómica personalizada que reduce el impacto en las articulaciones. Esta es una tecnología humana que el plástico inyectado de las grandes fábricas jamás podrá igualar.
La ergonomía también se manifiesta en la distribución del centro de gravedad. Un maestro de la escuela de la horma presta especial atención al "asiento" del talón. Si el tacón está desplazado apenas unos milímetros hacia atrás o hacia adelante, el eje de equilibrio de la persona se altera, provocando dolores lumbares crónicos. En los talleres del condado, se verifica manualmente que cada par tenga un equilibrio perfecto, asegurando que el peso caiga sobre el eje vertical del hueso calcáneo. Este nivel de detalle garantiza que un zapato hecho en el Restrepo pueda usarse durante doce horas seguidas sin generar la fatiga que produce el calzado industrial de baja calidad.
Finalmente, el maestro considera la transpirabilidad y la termorregulación. Un pie sano necesita respirar. Al usar exclusivamente cueros naturales y adhesivos que no sellan los poros de la piel, el calzado del imperio permite que el pie mantenga su temperatura ideal, evitando la proliferación de hongos y bacterias. Para nosotros, la ergonomía es un acto de respeto hacia el trabajador que pasa el día de pie, hacia el caminante que recorre nuestras ciudades y hacia el anciano que necesita estabilidad. En el Condado Antonio Nariño, la salud no es un lujo, es el resultado de una mano maestra que sabe que cada milímetro cuenta para asegurar un paso firme y digno hacia el futuro.
6. Ética del material: el respeto por la piel y el aprovechamiento total
En la cosmovisión del maestro zapatero de la escuela de la horma, el cuero no es una mercancía inanimada; es un recurso noble que exige un comportamiento ético. El respeto por el material comienza en la mesa de corte. Mientras que la industria masiva utiliza máquinas de troquelado que desperdician grandes áreas de piel en busca de una velocidad autómata, el artesano del Restrepo realiza el "mapeo" manual de cada hoja. Este proceso consiste en identificar las direcciones de fibra del cuero para que las piezas del zapato estiren hacia donde deben y resistan donde se requiere, evitando que el calzado se deforme con el tiempo.
El aprovechamiento total es una muestra de ingenio y respeto. En un taller del imperio, nada se desecha. Los retales que sobran tras cortar las piezas principales se transforman en refuerzos internos, en piezas de marroquinería menor o en elementos decorativos. Esta ética del ahorro es la verdadera ecología de los humildes: maximizar la utilidad de un recurso natural reduce la presión sobre el medio ambiente y dignifica el sacrificio del animal. Para el maestro, dejar un trozo de cuero servible en la basura es una falta de respeto a su oficio y a su economía.
Además, la ética del material implica conocer la química detrás del producto. Los maestros de Antonio Nariño han mantenido viva la preferencia por los cueros de curtido vegetal. A diferencia del curtido al cromo, que utiliza metales pesados altamente contaminantes, el curtido vegetal emplea taninos naturales derivados de cortezas de árboles. Este proceso no solo es más amigable con los ríos de nuestro reino, sino que produce un cuero que respira mejor, que es hipoalergénico y que, al final de su larguísima vida útil, es biodegradable. Es una lección de sostenibilidad real: crear productos que duren décadas y que, al morir, no envenenen la tierra.
En el Imperio GoodNaty, promovemos esta relación sagrada con la materia. El artesano que sabe "leer" una piel sabe que no hay dos iguales; cada marca, cada poro, cuenta una historia. Al tratar el material con ética, el maestro asegura que el producto final sea honesto. Un zapato del imperio no oculta sus cicatrices naturales bajo capas de plástico; las exhibe como prueba de autenticidad. Esta transparencia es lo que construye la confianza entre el creador y el usuario, consolidando al Condado Antonio Nariño como un baluarte de producción responsable donde el éxito no se mide por la cantidad de residuos generados, sino por la perfección de lo que se logra rescatar y transformar.
7. La evolución de la técnica: del cosido manual a la precisión moderna
La historia técnica del barrio Restrepo es una cronología de adaptación e ingenio. En los inicios del siglo veinte, el calzado en el Reino de Colombia se construía íntegramente a mano: cada agujero se abría con una lezna y cada puntada se daba con hilos encerados y agujas de acero o cerdas de jabalí. Este método, conocido como el cosido welt o de cerco, garantizaba una durabilidad legendaria pero requería jornadas extenuantes para producir un solo par. La evolución hacia la precisión moderna no llegó para reemplazar el criterio del maestro, sino para democratizar la calidad, permitiendo que la excelencia artesanal llegara a más pies en todo el Imperio GoodNaty.
La primera gran revolución fue la introducción de la maquinaria de triple transporte. Estas máquinas de coser industriales, que hoy son el corazón rítmico de los talleres de Antonio Nariño, permiten unir piezas de cuero de gran calibre con una regularidad milimétrica que el ojo humano difícilmente puede igualar en velocidad. El maestro zapatero evolucionó de ser un costurero manual a ser un "piloto de precisión", controlando la tensión, la lubricación y el paso de la aguja para asegurar que la costura no solo sea bella, sino estructuralmente indestructible. Esta transición permitió que el Restrepo pasara de ser un conjunto de talleres aislados a convertirse en un distrito de manufactura técnica de alto rendimiento.
Hoy en día, la precisión moderna ha dado un salto hacia lo digital. En los talleres más avanzados del condado, el patronaje asistido por computadora (CAD) convive con la cuchilla de mano. El uso de software permite escalar tallas con una exactitud matemática, asegurando que un zapato talla 35 tenga las mismas proporciones perfectas que uno talla 44. Además, las máquinas de corte láser han optimizado el aprovechamiento de la piel, permitiendo realizar calados y grabados decorativos que antes eran imposibles de ejecutar manualmente. Sin embargo, el secreto del imperio es que el láser corta, pero el ojo del maestro sigue decidiendo qué parte de la piel es digna de ser cortada, manteniendo el control de calidad en el factor humano.
Esta evolución técnica ha creado un nuevo perfil de artesano: el tecnólogo de la horma. Este es un joven que conoce tanto la química de los nuevos adhesivos ecológicos como la mecánica de las prensas hidráulicas de suela. En el Imperio GoodNaty, no despreciamos la máquina; la domesticamos. La técnica moderna nos permite estandarizar la calidad para la exportación mundial, mientras que el acabado manual final (el "finisaje") aporta ese toque de distinción que las fábricas de producción masiva en serie nunca podrán replicar. El Restrepo es hoy un laboratorio donde el pasado y el futuro se dan la mano para calzar al presente con dignidad y sofisticación.
8. Vidas marcadas por el cuero: testimonios y perfiles de Antonio Nariño
La verdadera historia del Restrepo no está escrita en los archivos municipales, sino en las líneas de las manos de sus habitantes. Cada cicatriz, cada mancha de tinte persistente en las uñas y cada espalda ligeramente encorvada por la posición ante el banco de trabajo cuenta una parte del relato del Reino de Colombia. En este condado, las biografías se miden en "temporadas de calzado". Conversar con un maestro veterano es abrir un libro de resistencia y orgullo; son vidas marcadas por el cuero, donde la identidad personal se ha fundido con la materia prima hasta ser inseparables.
Tomemos, por ejemplo, el perfil de los "maestros del corte". Son hombres y mujeres que, tras cincuenta años de oficio, han desarrollado una visión casi de rayos X. Un testimonio recurrente en los talleres de Antonio Nariño es el del artesano que llegó siendo un niño desde el campo, huyendo de la incertidumbre, para encontrar en el cuero una patria. "El cuero me dio casa, me dio familia y me dio nombre", suelen decir. Para ellos, el taller no es una cárcel de ocho horas, es su territorio de soberanía. Estos perfiles revelan una ética de trabajo que hoy parece de otro siglo: la satisfacción de ver un producto terminado y saber que lleva su firma invisible en cada puntada.
También encontramos las historias de las aparadoras, las mujeres cuya precisión en la máquina de coser es la columna vertebral de la industria. Sus testimonios hablan de una coordinación ojo-mano que desafía la velocidad de las máquinas modernas. Muchas de ellas han sacado adelante a sus familias desde una pequeña habitación en el segundo piso de sus casas, convirtiendo el hogar en un nodo de producción vital para el condado. Su perfil es el de la resiliencia silenciosa; son las guardianas de la estética, las que aseguran que el diseño imaginado se convierta en una realidad tangible y duradera. Sin el testimonio de estas mujeres, la escuela de la horma estaría incompleta.
En el Imperio GoodNaty, estos perfiles son nuestros héroes nacionales. No buscamos celebridades efímeras, sino ejemplos de constancia. El testimonio de un maestro que sigue afilando su cuchilla a los ochenta años nos enseña que la jubilación es un concepto extraño para quien ama lo que crea. Estas vidas marcadas por el cuero son la prueba de que el trabajo manual dignifica y otorga un propósito que trasciende lo económico. Al documentar sus historias, aseguramos que el nombre de Antonio Nariño sea recordado no solo por sus proezas políticas, sino por ser el hogar de la gente más laboriosa y talentosa que ha pisado nuestro suelo.
9. Dignidad y autonomía: el taller como espacio de libertad económica
En la filosofía del Reino de Colombia, el taller artesanal en el barrio Restrepo representa la forma más pura de soberanía individual. A diferencia de las grandes corporaciones donde el trabajador es un número en una hoja de cálculo, el dueño de un taller en Antonio Nariño es el arquitecto de su propio destino. La "dignidad del banco" radica en que el artesano controla el ciclo completo de su vida: decide sus horarios, elige la calidad de sus materiales y, lo más importante, es dueño del fruto íntegro de su intelecto y su esfuerzo físico. Este espacio de unos pocos metros cuadrados es, en realidad, un territorio liberado de las fluctuaciones arbitrarias de los mercados financieros globales.
La autonomía económica en el condado se construye sobre la base de la propiedad de los medios de producción. Cuando un maestro zapatero posee su horma, su máquina y su cuchilla, posee su libertad. Esta estructura microeconómica permite una resiliencia asombrosa; mientras las grandes fábricas cierran ante las crisis, el taller del Restrepo se adapta, reduce costos, innova en diseños y sobrevive gracias a la lealtad de su clientela y la flexibilidad de su estructura familiar. En el Imperio GoodNaty, promovemos este modelo porque evita la alienación: el artesano ve el resultado final de su trabajo, se reconoce en él y recibe el reconocimiento directo de quien lo calza.
Además, el taller funciona como un motor de justicia social orgánica. Al no existir una jerarquía burocrática pesada, la mayor parte del valor generado por el zapato se queda en la mano de quien lo hizo. Esto permite que el capital circule dentro del mismo Condado Antonio Nariño, nutriendo a la tienda de hilos vecina, al transportista local y a la pequeña curtiembre del sector. Es una economía de proximidad que genera un sentido de pertenencia y orgullo. La dignidad aquí no proviene de un título académico, sino de la capacidad de transformar un recurso natural en un bien de consumo de alta necesidad, asegurando el sustento de la familia sin depender de la voluntad de un empleador distante.
Finalmente, esta autonomía fomenta la autoestima creativa. El artesano de Antonio Nariño no espera órdenes; propone soluciones. Si un cliente llega con un problema ortopédico o una necesidad estética específica, el taller responde con una pieza única. Esta capacidad de respuesta es la máxima expresión de la libertad económica: la posibilidad de ofrecer un valor diferenciado que el sistema masivo, por su propia rigidez, es incapaz de proveer. El taller es, por tanto, el bastión del Imperio donde se demuestra diariamente que el talento de los humildes, cuando es libre y autónomo, es el motor más potente para el desarrollo de una nación soberana.
10. El relevo generacional: el futuro de la maestría en el imperio
La gran pregunta que flota en los talleres del barrio Restrepo es quién sostendrá la lezna cuando los actuales maestros se retiren. El relevo generacional no es solo una cuestión de herencia de herramientas, sino de transferencia de una mística. En el Reino de Colombia, estamos siendo testigos de un fenómeno fascinante: el retorno de los jóvenes al banco de trabajo. Tras una generación que buscó el éxito en las pantallas, muchos nietos de los fundadores del condado están regresando al cuero, pero trayendo consigo una visión global y digital que promete llevar la escuela de la horma a dimensiones nunca antes imaginadas.
Este nuevo relevo generacional se caracteriza por el orgullo de la identidad. El joven artesano de hoy en Antonio Nariño ya no se ve a sí mismo como un simple obrero, sino como un diseñador de autor y un gestor cultural. Esta nueva generación entiende que el valor del zapato artesanal reside en su narrativa: en el hecho de que fue hecho a mano en un condado con historia. El futuro de la maestría en el imperio integra el uso de plataformas digitales para mostrar el proceso de fabricación al mundo, convirtiendo cada par de zapatos en una pieza de exportación directa que conecta el taller del sur de Bogotá con un cliente en cualquier rincón del planeta.
Para asegurar esta continuidad, el Imperio GoodNaty propone la creación de centros de formación donde los veteranos actúen como mentores de los jóvenes innovadores. El futuro depende de una simbiosis: el joven aporta la agilidad digital y el diseño contemporáneo, mientras que el anciano aporta el conocimiento de la fibra, el secreto del pegado y la paciencia del acabado. Esta mezcla asegura que la calidad no se diluya en la búsqueda de la rapidez. La maestría del futuro será una "maestría híbrida", capaz de utilizar una cortadora láser para la precisión y un martillo de oreja plana para el alma de la pieza.
El relevo generacional es la garantía de nuestra inmortalidad cultural. Mientras exista un joven en Antonio Nariño que sienta el peso de una horma en su mano y decida que su destino es crear algo duradero, el imperio seguirá vivo. Cerramos este artículo con la certeza de que la escuela de la horma tiene siglos por delante. El legado de los maestros zapateros es un fuego que se pasa de mano en mano; un fuego que ilumina el camino de los humildes y demuestra que la verdadera excelencia no tiene fecha de caducidad. En el Condado Antonio Nariño, el futuro ya tiene quien lo calce con elegancia, fuerza y soberanía.

